Como a un hijo que llora anticipadamente a su padre que sabe muerto dentro de poco, para la literatura colombiana se aproxima uno de los lutos más grandes por la dolorosa culminación de labores de la revista literaria Puesto de Combate a la que, según su mentor y director Milcíades Arévalo, le queda muy poco tiempo de existencia. Puesto de Combate es una revista que durante 38 años les ha servido de plataforma a noveles escritores del país, sobre todo regionales, y en la cual han hecho escuela muchos de los que ahora son y han sido reconocidos nacional e internacionalmente.
Sí, es un luto anticipado, un dolor que se aproxima y que, aún sin llegar, ya se siente como un batazo en la cabeza. Perdón, nada somático. Más bien un dolor por allá en el alma que, para colmo de males, no tiene cura. O mejor, que sí la tiene, pero que quienes pueden hacer algo, no están interesados, que es lo mismo, como un médico que, con el paciente ad portas de la muerte, evade su responsabilidad pretextando que es su hora de almuerzo.
Milcíades Arévalo es, ante todo, un marinero. Un marinero al que Bogotá, por muy sin mar que sea, no le ha impedido seguir su condición de navegante. Por eso, después de muchos años de sortearse la vida entre empleos esporádicos y ciudades de distintas regiones del país, apuntó su brújula a la capital en la que vive desde hace más de 40 años.
Soñador, como todos los marineros, quiso emprender un viaje tan incierto como los que, en otros tiempos, hiciera a bordo de los barcos: fundar la revista de literatura Puesto de Combate el 23 de septiembre de 1972. Y lo hizo, y ha sido capaz de mantenerla viva pese a la falta de apoyo gubernamental e incluso a la censura impuesta por el presidente Turbay Ayala quien, en un acto de total desconocimiento, ordenó impedir las publicaciones de la revista pensando que Puesto de Combate era un hervidero de escritores contradictores de su gobierno. Pero la cosa no era así. El nombre de la revista obedece a un juego lingüístico que hace referencia a Puesto como un lugar, y a Combate, como la lucha que los escritores libran con las palabras.
Es entendible que un presidente no entienda, y que haciendo uso de su pedantería, la haya clausurado en su momento. Pero Milcíades no se dio por vencido. Por el contrario, siguió empecinado en continuar el viaje y no quedarse en el puerto más cercano sólo porque una tormenta débil lo estaba amenazando.
Por su revista han pasado personajes de la literatura colombiana tan importantes como Raúl Gómez Jattin, Evelio José Rosero y Efraím Medina Reyes, entre otros, sin contar con las colaboraciones que recibía de poetas y narradores internacionales.
Milcíades creyó, y sigue creyendo en los escritores colombianos como no lo han hecho los entes culturales del país que, despiadadamente han favorecido solamente a los que se ganan sus afectos, nunca por supuesto, a punta de buena literatura, sino de rasgos más vinculados con las relaciones personales, sepultando injustamente a otros que sí merecen ser tenidos en cuenta.
Amigo de casi todos los nadaístas, especialmente de Gonzalo Arango y Jaime Jaramillo Escobar, Milcíades, a pesar de su apariencia tranquila y reposada, ha trabajado incesantemente por ofrecerles a los escritores noveles del país, un espacio en donde puedan publicar sus textos, para hacerlos conocer y para abrirles las puertas del difícil mundo literario.
Puesto de Combate se acaba, y el Ministerio de Cultura, y el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, muy bien gracias. Sólo la Cámara Colombiana del Libro le ha ofrecido a Milcíades un stand en la próxima Feria Internacional del Libro, como en algunos años anteriores. Un stand, vacío, que Milcíades llenará con la revista Puesto de Combate y con algunos libros publicados por La Sociedad de la Imaginación, editorial que también él maneja. Un stand al que llegarán a preguntar por la revista que Milcíades, sin ningún problema, les regalará si no tienen dinero para comprarla.
El pasado sábado que lo visité en su casa del barrio la Candelaria, lo noté disminuido, como si ya estuviera resignado a ver desaparecer la revista a la que le ha dedicado su vida. Sentados, tomándonos un café en el Juan Valdez frente a la biblioteca Luis Ángel Arango, hablamos de muchas cosas y, entre ellas, de la revista. Los lentes amplios que usa no pudieron esconder los rasgos opacos de sus ojos mientras hablaba. Me dijo que está cansado, que definitivamente la revista dejará de existir al llegar a la número 80, y que actualmente trabaja en la publicación número 74.
Ahora, gracias a las posibilidades que brinda internet, la revista está en la red: http://www.puestodecombate.com/. Allí, en los links del lado izquierdo hay uno especial. Cómo ayudar, en el que puede leerse la frase: “En estos de días de total abandono por el mundo quijotesco de la literatura queremos solicitar su ayuda para poder seguir difundiendo a los escritores conocidos y desconocidos. Sus donaciones son bienvenidas no importa de que parte del planeta vengan. Favor contactarnos”.
Eso nos dice mucho. Y para quienes reconocemos el trabajo de Milcíades y la importancia de la revista para la literatura del país, el golpe es duro. Y es duro sobre todo porque sabemos que esta tragedia no lo es para las élites literarias del país a las que la ceguera que les produce la falta de seriedad y compromiso no les permite dolerse mínimamente por el hecho.
JOHN JAIRO RODRÍGUEZ SAAVEDRA
Corrector de estiloCorreo: johnrodriguezsaavedra@gmail.com
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